“Sin signos externos de violencia”

denzel

El señor Denzel Washington, de visita hace poco en el Festival de Cine de San Sebastián, resumió la cosa con atroz exactitud: “En la vida se puede ser Alguien o se puede ser Nadie” (las mayúsculas las pongo yo). Creo recordar haberlo leído así mismo en El País, y recuerdo también que el redactor no se molestó en explicarnos cuánto de sinceridad, o de cinismo, o de pesadumbre, alentaba la sentencia de la estrella americana. Porque de la intencionalidad de la frase, del según y cómo y en qué contexto la pronunciase, depende la imagen que nos podamos hacer del actor: o sea, o bien la de un cretino con carné (víctima de esa sociedad-enfermizamente-obsesionada-con-el-éxito, en famoso mantra de Javier Cercas), o bien la de un tipo lúcido echando mano del sarcasmo para ilustrar cómo funciona el mundo, o la visión que él tiene del mundo (su mundo) y alrededores.

Me quedé yo con esa duda; pero no importa, en realidad, para el caso de marras. Sea o no un cretino Denzel Washington (esperemos que no), la crudeza de la frase le pone a uno en guardia precisamente porque tintinea rimando con alguna intuición del inconsciente. Del inconsciente colectivo de esta sociedad-enfermizamente-obsesionada-con-el-éxito, quiero decir, que ya no es americana o europea y ni tan siquiera occidental, sino un grandioso magma universal y aterradoramente unánime de infantilismo y estupidez suicida en el que hemos ido poco a poco metiéndonos hasta las cejas, usted y yo y su señora de usted, hasta el punto de que –efectivamente– demasiadas veces resumimos nuestras miserables vidas en esa angustiosa duda existencial, delante del espejo los lunes de naufragio: “¿Seré yo Alguien, o seré Nadie?”.

Qué es ser Alguien; qué es ser Nadie. “En la vida se puede ser Alguien o se puede ser Nadie”. ¿Es uno alguien cuando está solo? ¿Necesita uno siempre de la mirada del otro, aunque sea la del otro del espejo, para ser alguien, o se es simplemente por el hecho de ser, y punto? ¿Será uno alguien y nadie al mismo tiempo? No somos nadie, han dicho siempre los viejos en los entierros; sin reparar seguramente en la perversa trampa del idioma, por la cual, de manera estricta, una doble negación se convierte en afirmación de lo contrario, como los signos matemáticos: No somos nadie: o sea, que sí somos alguien (¿pero quién?). “Estoy sola –escribió, alguna noche, la insomne alumna del terror Alejandra Pizarnik–. “No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla”.

Todo esto lo pienso (lo desbarro) ahora pero lo cierto es que olvidé al momento la frase de Washington; hasta que volví a recordarla hace dos días, el martes. Volvió, tintineándome en la cabeza como una campanilla urgente, cuando me topé con un teletipo de Europa Press, apenas tres párrafos, en que se consignaba el hallazgo en Granada, en la mañana de ese día 30 de septiembre, en cualquier calle del centro, del “cuerpo sin vida de un hombre cuya identidad no ha trascendido”, “un indigente que no portaba ningún tipo de documentación”. Es decir: que no era nadie, digo, perdón, que era Nadie: como no era Alguien, ni tan siquiera alguien conocido, tenía que ser Nadie –pensé–, incluso nadie, así, en minúsculas. Esto parecía estar claro. Pero entonces, al leer con atención, me surgió otra duda: la noticia decía que, según fuentes del Cuerpo Nacional de Policía, el hombre había fallecido “por causas naturales”; si bien tenía “sangre en la boca, no presenta signos externos de violencia, por lo que el Grupo de Homicidios apunta a una posible hemorragia interna como causa de la muerte”.

¿Causas naturales, entonces? No sé yo si la ausencia de signos externos de violencia es prueba suficiente para sacar tal conclusión. ¿De verdad murió él solo, por sí mismo? ¿De verdad no lo mató nadie? (o sea, ¿lo mató Nadie?…). Porque en tal caso ya tendríamos un sospechoso. Concluía el teletipo diciendo que la policía trabaja ahora para identificar a esta persona. Pero no, no es lo que deberían: al que tienen que identificar es al asesino; saber si fue alguien, o si fue nadie (es ya un asunto personal para mí).

Ésa es la cuestión más urgente, más esencial a esclarecer aquí: ¿lo mató Alguien, allá dentro, poco a poco (hemorragia interna de su espejo), o lo mató ser Nadie?  

Hay alguien ahí que tiembla.

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