‘Alejandra, Alejandra’ Pizarnik

apiz

¿Cuántos hay aquí, esta noche, capaces de sostener la mirada de la noche y no salir despavoridos? ¿Cuántos de vosotros sois capaces de aguantar, aquí en las sombras, y no escapar? ¿Cuántos podéis escuchar esas voces de vuestra gruta (no vayas a creer que están vivos, no vayas a creer que no están vivos), mirar a los ojos en llamas del lobo, y no correr, buscar la salida del bosque, pedir socorro y luz y compañía?

“…Toda la noche escucho el llamamiento de la muerte, toda la noche escucho el canto de la muerte junto al río, toda la noche escucho la voz de la muerte que me llama…”

Sólo unos pocos resisten. Sólo los leales a su propio escalofrío se quedan y escuchan el cuento, la nana bellísima y cruel, la tonada de niebla que salmodia una sombra cuando los niños tienen miedo a crecer, al otro lado de los muros. La canción sonámbula de Alejandra Pizarnik, dando asilo a nuestro terror –al suyo, al mío, al tuyo– para que no canten ellos, / los funestos, los dueños del silencio.

Este 29 de abril se cumplen 80 años desde que cayó en este mundo Alejandra Pizarnik. Cayó, literalmente. Porque es dudoso que fuera de este mundo, adonde –diría su hermano mellizo César Vallejo– ella tampoco pidió nunca que la trajeran

[Alejandra Pizarnik, en Gentes de mal vivirCTXT]

 

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