Iluminar los rostros de Goya

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Se ha dicho muchas veces que todas las guerras son la misma. Cambian los verdugos y las víctimas, los puñales y el grito; espejos, unos de otros, de la atrocidad y el dolor que anida en el corazón humano, su enfermizo impulso de (auto)destrucción. Cambian la geografía, los rostros, las maneras de matar o de morir (cambia hasta el significado de la palabra guerra: un ejército arrasando a una población que huye, por ejemplo); el aullido es siempre el mismo: este guiñapo de carne y miedo y lágrimas vencido ante el horror, o derrotándose a sí mismo al participar de ese horror multiplicándolo…

[Reseña en CTXT]

 

 

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