Nacho Vegas, las Hostilidades, Etcétera

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Alguien contempla, atónito, desde la ventana de su estudio, cómo una mujer se revuelve y da una paliza a un hombre, en la acera de enfrente, bajo la lluvia: cuando baja a la calle comprueba que la pareja sólo avanzaba de la mano, feliz, camino de la playa. Una señora declara ante el juez: “Fue el calor y la humedad” –esta vida iba a ser otra y algo salió mal–; una vez muerto y enterrado su marido en el jardín. Ezequiel regresa a su lugar de origen para descubrir que su familia y su pueblo entero le repudian; está maldito: dicen que hizo algo, nadie podrá perdonárselo nunca, pero él no consigue recordar qué es, qué fue aquello atroz que cometió. Alguien ajusta cuentas con su pasado familiar llamando a su padre Hombre, a su madre Mujer; a los vacíos desconocidos de la historia, Etcétera; a darse cuenta de las cosas demasiado tarde, Iluminaciones. Como

cuando alguien que de verdad me importa
me está gritando desde el baño
que la deje en paz,
que qué es lo que quiero yo de ella,
que haga el favor de no hacerle más daño,
y yo no dejo de preguntarme
cómo he podido llegar a esto.

(Adivine el lector, de entre toda esa siniestra comedia humana, qué estampa pertenece a un poema, cuál a un relato, cuál a una canción, cuál a un remordimiento.)

Ignacio González Vegas (Gijón, 1974): escritor de canciones, escritor de relatos, escritor de poemas, entomólogo del remordimiento; cantor, que no cantante (según lo entendía Facundo Cabral: el segundo es el que puede cantar; el primero es el que debe); filólogo hispánico interruptus, escracheador de bancos en sus ratos libres (y cuando no también), traidor y archienemigo del partido indie, descendiente espiritual de Michi Panero; mirada de vampiro viejo, aristócrata del corazón. Su palabra favorita era (es probable que ya no lo sea) inextirpable; el único propósito que ha conseguido imponerse en esta vida –dice una de sus voces–, el de “llegar a decir lo indecible”, entendido como todo aquello que el lenguaje no llegará a expresar nunca, pero también como todo lo que apenas llegaremos a (tener cojones a) confesarnos jamás…

[La entrevista completa, en CTXT.es]

 

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